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Francisco González Cruz: La pasión por el lugar

Raisa Urribarrí

Hemos llegado a uno de sus lugares, el de la nostalgia. En una curva muy pronunciada, desde la cual se divisan cerros verdísimos, indistinguibles para ojos extraños, él se detiene. Mira al frente, extiende el brazo y señala cada uno con su nombre propio, de resonancia cuica: “Aquél es Esdovás, el que asoma por detrás es Estapape, y el de más allá es Miquinoco…Esto aquí donde estamos es Tubú y allá —indica bajando la mirada— está el pueblo”.
Y lo que alcanzamos a ver en el fondo es un conjunto abigarrado de travesías y casitas que más tarde veremos retratado en varios óleos colgados en las paredes de su casa. Allá repetirá el gesto, poniendo el dedo sobre uno de los cuadros. “¿Ve? Aquí estamos”. Mapa y territorio al mismo tiempo. Junto a él es imposible separarlos. Los va uniendo como encajan armónicamente los sembradíos en una sola colcha multicolor a lo lejos. Porque en las montañas el verde no es uno solo, hay que aprender a distinguir cada uno de sus matices. Esta es la riqueza del lugar: sus particularidades.
El camino que serpentea la montaña es muy angosto y de tierra, con apenas unos tramos mal encementados, pero él lo conoce tan bien que puede conducir casi sin mirarlo. “Esta camioneta llega al pueblo en automático”, nos había asegurado el día anterior. Vamos detrás de un camión cargado de gallinas al que se le escapa una. La esquiva y ríe divertido. Cuando le propusimos esta conversación la pautó allí, en su lar nativo, en el que nunca ha dejado de ser su hogar, su casa. “Es que de allí —y allí— soy yo”.
Llegamos una soleada mañana de domingo. La voz del cura retumbaba por los altoparlantes de la iglesia y los parroquianos paseaban remolones y sin precaución por esos recovecos mínimos que resulta imposible llamar calles. Una larga fila de motocicletas y deslucidas construcciones, no ajustadas al entorno local ni a ordenanza alguna, nos presentan de entrada una aldea ambientalmente muy agredida y visualmente poco amable con el que se allega. Pero la gente se encarga de saldar la deuda de esa primera impresión. Los paisanos que salen al paso y lo saludan con gestos familiares y cariñosos. La fórmula más repetida es “Epa, Morocho, hoy saliste en El Avance…”. Se refieren al semanario de la Iglesia Católica y él se ríe a carcajadas, se juega con todos; para cada uno tiene un guiño, un detalle.
Antes de llegar a la finca, cuyo nombre es El Tendal, “porque la tierra es arcillosa y aquí se tendían las tejas para las casas del pueblo”, nos detenemos a comprar empanadas en una bodega que no acusa nombre, pero que todos conocen como la de Amable, donde su esposa, la señora Elena, sigue al pie de la letra la receta de las Balza: cocinar el guiso con mucha cebolla por más de dos horas y darle mucho a esa masa. Ya hechos con el avío, recorremos de arriba abajo las mínimas callejuelas que anidan y van exhalando a su paso una historia entrañable.
Al costado de la aún imponente iglesia de San Roque, frente a la casa cural, ubica su casa materna —la de Luisana Cruz Jugo, conocida entre familiares y amigos como Mamá Chana — y, metros más allá, la de Don Chico Matheus y Eloísa Durán, “un matrimonio extraordinario cuyos seis hijos eran músicos”. No entramos a la iglesia donde esta a punto de oficiarse la misa, pero él nos describe la casa cural de aquellos años: “con los cuadros de Pío X, Pío XII, Eleazar López Contreras y Rafael Caldera. Recuerdo muy bien al cura, el padre Paulino… Nosotros aprendimos a rezar muy pequeños. Nunca fuimos monaguillos ni sacristanes, pero La historia sagrada de Jesús nos marcó”.
Cuando se habla de Francisco González Cruz, de El Morocho, no es necesario decir que estamos en La Quebrada.
La imagen más remota de su infancia se ubica allí, entre las montañas del municipio Urdaneta del estado Trujillo. “En los corredores de mi casa, pero también en Cabimbú, en La Loma Tendida, donde nos mandó mamá a los cinco o seis años quién sabe por qué circunstancia. Las mañanas eran heladas. De ordeño, de arepa de trigo con cuajada y leche caliente, de mantequilla criolla y café de habas. De queso ahumado en el rodete sobre el brasero y la papa negra sancochada. Era el aposento con las carpetas de lana para no morirse de frío, todos juntos, muchachos y muchachas. Era la casa de los Moreno, de papá Delfín y mamá Susana, con la escuelita enfrente, de una sola aula, con sillas de cuero, cada muchacho con su pizarra y su grafito, con el corredor de entrada para dejar el sombrerito y los avíos de los que venían de lejos. La maestra Gertrudis Rangel, las primeras letras…”.
Francisco González Cruz trabajó desde niño para ayudar a su madre. El y su morocho, Fortunato, vendían empanadas calle abajo y calle arriba, allí en La Quebrada. Su padre, Elio González Medici, fue parte de la emigración rural-urbana, uno de los tantos que abandonó el campo para irse a probar suerte en el centro del país. A Mamá Chana le tocó criar sola a sus muchachos. Hizo todo lo que hace una mujer en un pueblo para levantar a sus hijos: “lavar, planchar, hacer comida, tejer y coser. Un día se fue a Valera animada por una amiga y encontró trabajo de camarera en el hospital La Paz, pero pronto ascendió a enfermera auxiliar”.
En su infancia y juventud no hubo una fuerte presencia paterna, pero “a papá lo consideré siempre un buen amigo. Aunque se fue del pueblo dejando a mamá embarazada de nosotros, nos visitaba. Fuimos los primeros en tener bicicletas. Era un comerciante próspero que tuvo bodegas, transportaba mercancía en burros, compraba reses y las beneficiaba. Era un hombre de buen verbo y de buen ver, que vestía liquiliqui y usaba sombrero Borsalino. Tenía tres casas, tres hogares, entre Maracay y Villa de Cura. Que yo sepa nos dejó al menos 16 hermanos”.
Criada con él en el seno de su familia materna solo tiene una hermana, Mercedes Cecilia, “a quien disfrazábamos de varón para que entrara con nosotros al cine”, pero la huella indeleble de su vida la marcaron su madre y Fortunato, su morocho. Por eso le cuesta hablar en singular. “Aquí vivíamos junto a dos tías solteras que nos criaron, Cecilia y Emperatriz Cruz Cruz, maestras del pueblo. Ellas rezaban y daban clases de modales ¡que nosotros no aprendimos! Recuerdo la pequeña biblioteca que teníamos, algo nada usual en la comarca, con el diccionario de la Real Academia Española, la Historia Sagrada de Jesús y este libro: Geografía moderna”.
El ejemplar, que aún conserva, fue escrito por Carolina Marcial Dorado, Helen Goss Thomas y Wallace Walter Atwood dentro de la serie A Castilla y a León Nuevo Mundo dió Colón, y publicado en Boston por la Editorial Ginn y Compañía en 1932. Varias páginas tienen comentarios manuscritos, pero uno sobresale entre todos: Este libro es del niño Francisco y Fortunato González. Uno que son dos. O dos que son uno.
En las paredes de la finca se ven ambos abrazados, de pantaloncitos cortos, en una foto muy desleída. Le preguntamos cuál de los dos es él y no lo sabe. “Pero el mayor soy yo”, certifica. “Domitila, la comadrona que atendió a mamá, nos dijo que primero había salido yo y a los cinco minutos Fortunato. Fue una sorpresa, algo que nadie esperaba”.
Esa unión vital no se ha roto nunca, por ninguna circunstancia. “No supe lo que era la propiedad privada hasta que me casé; entonces sí, Fortunato y yo nos repartimos algunas cosas como las piezas de ropa. Porque nunca tuvimos nada propio de cada uno, todo era de los dos por igual…Ah, menos un flux en la época en que éramos estudiantes universitarios en Mérida; el mío era azul y el de él era gris…o al revés, la verdad no lo puedo precisar ahora, pero sí, eso es lo único que recuerdo haber tenido como mío entonces”.

Educar en comunidad para hacer comunidad

Quizá provenga de ese nosotros compartido el sueño de educar en comunidad, a la comunidad, para hacer comunidad. Esa aspiración que, puede decir hoy, Francisco González Cruz ha visto cumplirse lentamente con la progresiva constitución de la Universidad Valle del Momboy (UVM), la primera y única universidad comunitaria del país —levantada bajo la figura de una fundación privada sin fines de lucro— que tiene como misión transformar el entorno local a través de una educación de calidad. Su objetivo es formar una vanguardia que promueva la transformación social y económica de Trujillo, “para que nuestros talentos, que son muchos, se queden aquí y no se vean en la obligación de emigrar”, como a lo largo de la historia lo han hecho valiosos trujillanos como José Gregorio Hernández, Rafael Rangel, Mario Briceño Iragorry, Arturo Cardozo, Hernán Méndez Castellano, Ana Enriqueta Terán, Adriano González León, Rafael Ramón Castellanos, Miguel Ángel Burelli Rivas, Arnoldo Gabaldon, José Antonio Abreu….

¿Cuándo comienza esa vocación, ese sueño?

No puedo precisar cuándo, pero sí dónde: alrededor de mis lugares. En el de la nostalgia, que es La Quebrada; y en el que acumula la mayor cantidad de frustraciones posibles, la cátedra de lo que no debe hacerse, que es Valera. Lo mío es eso, el desarrollo regional y local. Debe ser porque mamá nos sembró el cariño por lo nuestro. Quizá porque peregrinamos entre La Quebrada y Valera, y nos sentíamos seguros allá en el pueblo, que se fue asentando eso en mí el arraigo por el terruño. Mis tres lugares son esos dos y Trujillo, la entidad geográfica como un todo, el lugar de los lugares, la diversidad y la particularidad de un entorno que resguarda una identidad.
Para nuestro desarrollo hace falta que conservemos la tradición, los valores más profundos y sólidos de la trujillanidad, pero a ellos se les debe incorporar la noción de vanguardia. Valera, que es una ciudad de raíces cortas, nuevas, puede aportar eso. Ese es el desafío y para ello nació la UVM, para transformar a Trujillo a través de la educación. Es necesario levantar una élite, y no estoy hablando de una aristocracia, no, sino de una gente de avanzada capaz de sacar a la mayoría de la pobreza. Forjar una ciudadanía emprendedora. De eso se trata.

¿Quiénes le ayudaron a vislumbrar esa ruta?

Muchas personas, lamentablemente quizá no las recuerde a todas. Del bachillerato en el Rafael Rangel me viene a la memoria una profesora comunista, Mónica Montañez, que nos formó muy bien en filosofía; eso sí era un liceo… ¡el mismo Pedro García Leal nos dio clases! En la etapa universitaria Antonio Luis Cárdenas fue fundamental; primero fue mi profesor y luego fui el preparador de su cátedra en la Escuela de Geografía de la Universidad de Los Andes. También influyeron en mí los intelectuales de Copei, del Ifedec, que se dedicaban a formarnos a nosotros, los jóvenes de la Juventud Demócrata Cristiana, y entre ellos destaca su fundador y pilar ideológico Arístides Calvani. Luego, en la etapa del posgrado, Raúl Prebisch, Fernando Henrique Cardoso, Jorge Ahumada y Milton Santos, que me dio clases dos años…Pero al margen de esos procesos formales, debo decir que me he hecho en las conversaciones con profesores y amigos como Perucho Rincón Gutiérrez. Esa etapa merideña fue decisiva, eran los años sesenta y nosotros los socialcristianos éramos minoría en relación con la izquierda que dominaba en esos ambientes. Teníamos discusiones profundas y esos diálogos de bohemia, paralelos a la escuela, nos fueron forjando en la tolerancia. Después, claro, he tenido otras referencias que me resultan indispensables, como Eladio Muchacho, con quien comparto, entre otras cosas, la espiritualidad profunda y la angustia y el amor por Trujillo.

¿Cómo definiría Ud. su trabajo? ¿Una pasión, una vocación?

Pasión, pasión maniática… diría yo. Se trata de vivir para el logro de un objetivo superior. De sostener el compromiso con un proyecto histórico cuya consolidación uno no necesariamente va a ver, pero al que le abona con perseverancia y determinación. Eso lo tuve muy claro en el año 1987 cuando un grupo de personas muy entrañables hicimos un retiro espiritual para definir el rumbo de nuestras vidas. Nos acompañaron los sacerdotes Luis Ugalde, Arturo Sosa, José Virtuoso y Baltazar Porras…De allí salí con la convicción de crear la Universidad. Ya había sido una aspiración nuestra en el año 1976, cuando diseñamos el proyecto del Tecnológico de Trujillo. Habíamos pasado por esa etapa, que se frustró; también habíamos intentado la creación de la Universidad Experimental de Trujillo, en 1983, que tampoco cuajó. Luego de ese retiro organizamos unas jornadas en Boconó para pensar La Universidad que queremos y de allí surgieron las líneas maestras de la UVM, que aún se mantienen firmes. Claro que entonces no se llamó así; comenzamos en 1988 con el apoyo de la Universidad Rafael Urdaneta de Maracaibo, como una extensión suya. Van a cumplirse 25 años de ese esfuerzo inicial y una de mis grandes satisfacciones fue ver graduar a mi hijo mayor en su primera promoción de 1993. La UVM, como tal, está celebrando sus quince años.

El solo nombre de la Universidad, Valle del Momboy, habla de las ideas en las que se fundan los anhelos del Rector, ¿cómo se escogió ese apelativo?

Consideramos varios: Universidad de Trujillo, Universidad de Valera, Universidad Mario Briceño Iragorry y Universidad Cristóbal Mendoza, pero en ese momento se adquirió una extensión de tierra en San Isidro y le dejamos la decisión a los extraordinarios escritores y poetas trujillanos Ramón Palomares, Ana Enriqueta Terán, Francisco Pérez Perdomo y Adriano González León. Ellos, cumpliendo con la vieja tradición universitaria, la nombraron como el sitio donde está ubicada: el valle del río Momboy que en idioma de los antiguos cuicas significa “Río de Espumas”.

¿Se siente Ud. cómodo si le dicen que ha hecho escuela?

No, no, eso más bien me incomoda. No me gusta representar el personaje de Rector. A mí me gusta ser Rector como lo era de la ULA Perucho Rincón Gutiérrez, alguien alejado de los formalismos. El papel de un Rector es velar porque la razón de ser de la Universidad se cumpla y establecer relaciones internas y externas; en otras palabras, conversar. Y yo soy eso, un conversador. Conversar representa para mí un gozo, un placer enorme. Creo que lo que no podría faltarme nunca son los árboles y una mesa para sentarme con los amigos a echar cuentos.

¿Recuerda alguna conversación que lo haya marcado?

Recuerdo varias, sí. La más profunda de todas con Fortunato, cuando ya sabíamos que mamá se moría y nos tocaba tomar decisiones fuertes sobre si dejarla sufrir o no. También con Eladio Muchacho y Giácomo Clérico hemos sostenido unos diálogos largos e intensos, muy importantes, en los que hemos trazado juntos el rumbo de la Universidad. Recuerdo unos intercambios muy singulares también, cuando era Viceministro, con el doctor Ramón Jota Velázquez. Un día él me dijo que Trujillo estaba destinado a volver a ser vanguardia. Ha habido otras muy desagradables también, pero de esas es mejor no hablar.

¿Qué momento vive hoy? ¿Es tiempo de hacer un balance de su vida o de continuar?

De las dos cosas. Pienso dejar el Rectorado al cumplirse este último período, antes del 2013, y dedicarme a dar clases y a escribir. La jubilación no cabe en mi cabeza, no… ¡Hay tanto por hacer todavía! Sueño más bien con dedicarme a las ligas menores, es decir, con fundar un colegio. También quisiera abrir un sitio de corte bohemio donde se pueda conversar, porque a Valera le hace falta ese lugar. El de la conversación.

¿Qué imagen escogería para el país, para Venezuela?

La de diversidad. La de un Estado federal como está definido en la Constitución, con justicia y paz. La nuestra es una identidad construida, porque hasta Gómez existían los andinos, los zulianos, los orientales…Como una unidad centralizada el país es inviable porque cada lugar tiene su propia identidad. La imagen que escogería para el país es la de un conjunto armónico de identidades locales conectadas globalmente.

En sus lecciones magistrales a los graduandos y en algunas conferencias hemos escuchado que utiliza el término “lugarización”. ¿Lo acuñó Ud.? ¿Qué quiere significar con él?

Sí, el término es mío. Quiero aludir con él a lo local globalizado. Es necesario que el proceso globalizador se dé, pero sin que se pierdan las identidades propias que nos particularizan. No hablo del lugar, de lo propio, en un sentido incontaminado; por el contrario: hay que ser del Siglo XXI, pero sin dejar la tradición. Lo contrario del lugar es el mall, el centro comercial de idéntica figura que se repite alrededor del mundo. Las ferias de comida rápida, con las mismas “gastronomías”; el alojamiento “todo incluido” que no promueve la economía local. Ese mecanismo homogeneizador aplana, o más bien trata de aplanar el mundo, de meternos a todos en una misma horma. Y las sociedades son diversas, plurales.

¿Ha pasado toda su vida en Trujillo?

Sí, la mayor parte de mi vida. En La Quebrada hicimos hasta tercer grado, en la escuela Tosta García; luego nos vinimos a Valera y allí terminamos la primaria en la Eloísa Fonseca. El bachillerato lo cursamos, los primeros tres años, en el liceo militar Jáuregui, de La Grita, pero lo terminamos aquí, en el Rafael Rangel. Nos fuimos a Mérida a estudiar en la Universidad de Los Andes y luego yo hice mi posgrado en Perú. Volví a Mérida en el año 72, pero en el 73 regresé para no irme más.

¿Cuál de esas etapas lo marcó más o recuerda con más afecto?

La merideña, cuando estudiaba la carrera, me marcó definitivamente. Allí me formé, y no solo profesionalmente sino en ese ambiente cultural, intelectual y político que vibra en la ciudad. Con mucho afecto recuerdo también los meses que pasé en el Sur del Lago, entre los años 86 y 87, con mi gran amigo Elías Méndez Vergara, trabajando en el proyecto de la Universidad del Sur del Lago. Conocí toda esa zona, recorrí todos los puertos, los ríos…vivíamos un grupo de hombres profesionales, todos juntos en una casa y, bueno, conocimos todos los botiquines de la zona ¡que tienen una fama muy bien ganada! La época de la Fundación PorTrujillo, una muy particular en la que funcionaba como un club de conversación donde soñábamos con el Trujillo Posible, también fue muy importante en mi vida. Allí compartíamos con Eladio Muchacho, Raúl Díaz Castañeda, Luis González, Hernán Méndez Castellano, Manuel Salvador Añez, Emigdio Cañizáles Guédez…

¿Alguna época de mala recordación?

La que me llevó a ser concejal en Valera por Copei. Fue un proceso muy penoso y lleno de frustraciones que me indujo a retirarme de la política partidista. Fue cuando escribí Trujillo, el equilibrio fatalista. También algunos avatares de la Universidad relacionados con el mecenazgo local, la brega para que algunos entendieran que aportar recursos no significaba intervenir en la vida diaria de la institución, sino ser solidarios con su misión. Esa ha sido una constante no muy agradable en mi vida, el enfrentamiento con las élites de Trujillo…si pueden llamarse así. Don Giácomo Clérico, nuestro gran benefactor, lo tenía claro y decía: en Trujillo hay gente con cobres, pero élites no.

¿Cómo quiere morir?

Con tiempo para confesarme y arrepentirme de mis pecados. No quiero que me entierren, sino que me cremen y que desde un parapente lancen mis cenizas sobre La Quebrada. Bueno…y si hay algún problema con la Iglesia, pues que también pongan un poquito en la de San Roque.

¿Cuál imagen es más definitiva: la del cielo o la del infierno?
La del infierno, sin duda. El cielo debe ser muy aburrido.

***

Tratar de bosquejar la humanidad de Francisco González Cruz resultaría un esfuerzo incompleto si no se nombrara a sus más profundas querencias: sus seis hijos. Los primeros cuatro son Francisco Javier (41), Juan Andrés (39), José Luis (34) y Luis Alfonso (32), fruto de su matrimonio con la promotora cultural trujillana Marlene Briceño; el quinto es Jesús Alberto (22), de su unión con la artista merideña Alba López; y la sexta y única hembra, Estefanía, nacida en su actual casamiento con la artesana Cira Brillembourg. “A sus mamás las une la cultura, el amor por el arte”, dice con evidente orgullo.
Con Luis Alfonso, quien se ha dedicado a trabajar la finca, regresamos de La Quebrada. En la mañana había preparado el desayuno (enormes arepas de maíz, cuajada fresca, perico con ají y café colado) para esperarnos y seguir instrucciones de su padre sobre diversos asuntos, entre ellos la gruta que construyen para la Virgen. Ya en Valera, antes de despedirnos, la última pregunta es para él: ¿alguna palabra que describa a tu papá? No lo piensa ni un segundo: Modelo. Entonces El Morocho suelta la carcajada: ¡Muchacho! —exclama— ¡te ganaste un aumento en la mesada! El hijo lo celebra y replica: Modelo, pero no de revista porque usted es muy feo…Y se miran con guiños cómplices por el espejo retrovisor.

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DIEZ CLAVES PARA EL DESARROLLO HUMANO LOCAL

Francisco González Cruz

XV Jornadas de Desarrollo Humano Sustentable

1.- Decisión política clara de comprometerse con un proceso de desarrollo local. El desarrollo no es espontáneo y es un proceso complejo, muy dinámico y lleno de incertidumbres. Es fundamental tomar una decisión. ¿Quién? Un líder sea una persona, un equipo o una organización. Debe existir una energía organizada capaz de promover, organizar, conducir y evaluar el proceso.

2.- Debe ser planeado o al menos contar con una estrategia clara y a largo plazo.  Con objetivos desafiantes que entusiasmen a la mayoría. “A la buena de Dios es generalmente a la mala del diablo”. MBI

3.- Participativo y consensuado. No hay procesos de desarrollo humano local sin la participación de la gente y de las diversas organizaciones. Entre ellas la más importante es el gobierno local.

4.- Integral. Es un proceso que no puede apostar a un solo factor de impulso. La educación, la economía, la infraestructura, el ambiente, los recursos…todo es importante. Se pueden tener algunos “gatilladores” o “inspiradores” tales como un evento, una obra, un personaje, el pasado, el futuro, incluso un desastre. Pero el enfoque es integral.

5.- Endógeno. El desarrollo de una localidad no es desde afuera, ni para afuera. Es desde adentro y para adentro. Por supuesto que tiene múltiples conexiones hacia afuera: políticas, tecnológicas, económicas, etc. Pero es un procesos que es responsabilidad de la localidad, de sus habitantes y que cuenta primero con sus recursos, tangibles o intangibles.

6.- Debe producir resultados en términos de bienestar: empleo, educación, salud, vivienda, servicios públicos de calidad, etc.

7.- La creatividad, la innovación y el emprendimiento cuentan. La ciencia y la tecnología cuentan. Y también la conectividad.

8.- Las instituciones políticas promotoras del desarrollo humano son muy importantes. Tiene que existir un liderazgo institucional muy claro y unas políticas públicas bien establecidas.

9.- Las actividades económicas deben basarse en los recursos del territorio y en el talento local. No valen los enclaves, ni las maquilas, ni nada que sea falso a la localidad

10.- La localidad tiene que moverse, activarse, reunirse, conversar. Tiene que contagiarse de entusiasmo. Vivir el proceso. Tiene que estar organizada en múltiples instituciones y redes de comunicación, intercambio y apoyo mutuo. Tiene que existir una comunidad motivada y organizada.

 

FGC/8-11-2012

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DIEZ CLAVES PARA EL DESARROLLO HUMANO LOCAL

Francisco González Cruz

XV Jornadas de Desarrollo Humano Sustentable

1.- Decisión política clara de comprometerse con un proceso de desarrollo local. El desarrollo no es espontáneo y es un proceso complejo, muy dinámico y lleno de incertidumbres. Es fundamental tomar una decisión. ¿Quién? Un líder sea una persona, un equipo o una organización. Debe existir una energía organizada capaz de promover, organizar, conducir y evaluar el proceso.

2.- Debe ser planeado o al menos contar con una estrategia clara y a largo plazo.  Con objetivos desafiantes que entusiasmen a la mayoría. “A la buena de Dios es generalmente a la mala del diablo”. MBI

3.- Participativo y consensuado. No hay procesos de desarrollo humano local sin la participación de la gente y de las diversas organizaciones. Entre ellas la más importante es el gobierno local.

4.- Integral. Es un proceso que no puede apostar a un solo factor de impulso. La educación, la economía, la infraestructura, el ambiente, los recursos…todo es importante. Se pueden tener algunos “gatilladores” o “inspiradores” tales como un evento, una obra, un personaje, el pasado, el futuro, incluso un desastre. Pero el enfoque es integral.

5.- Endógeno. El desarrollo de una localidad no es desde afuera, ni para afuera. Es desde adentro y para adentro. Por supuesto que tiene múltiples conexiones hacia afuera: políticas, tecnológicas, económicas, etc. Pero es un procesos que es responsabilidad de la localidad, de sus habitantes y que cuenta primero con sus recursos, tangibles o intangibles.

6.- Debe producir resultados en términos de bienestar: empleo, educación, salud, vivienda, servicios públicos de calidad, etc.

7.- La creatividad, la innovación y el emprendimiento cuentan. La ciencia y la tecnología cuentan. Y también la conectividad.

8.- Las instituciones políticas promotoras del desarrollo humano son muy importantes. Tiene que existir un liderazgo institucional muy claro y unas políticas públicas bien establecidas.

9.- Las actividades económicas deben basarse en los recursos del territorio y en el talento local. No valen los enclaves, ni las maquilas, ni nada que sea falso a la localidad

10.- La localidad tiene que moverse, activarse, reunirse, conversar. Tiene que contagiarse de entusiasmo. Vivir el proceso. Tiene que estar organizada en múltiples instituciones y redes de comunicación, intercambio y apoyo mutuo. Tiene que existir una comunidad motivada y organizada.

 

FGC/8-11-2012

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EL LUGAR DE LO LOCAL EN LO GLOBAL

 

Francisco González Cruz

Rector Universidad Valle del Momboy

Venezuela

EL LUGAR DE LO LOCAL EN LO GLOBAL

 

“Quien no ama su provincia, su paese, la aldea, el pequeño lugar, su propia casa por pobre que sea, mal puede respetar a los demás”.

 

“A cada hora el poder del mundo se concentra y se globaliza. Veinte o treinta empresas, como un salvaje animal totalitario, lo tienen en sus garras”.

 

“La masificación ha hecho estragos, ya es difícil encontrar originalidad en las personas y un idéntico proceso se cumple en los pueblos, es la llamada globalización. ¡Qué horror!”

Sábato, Ernesto

 

A pesar de las enormes presiones estandarizadoras y homogeneizadoras de la globalización, los lugares plenos de singularidades  se empeñan en permanecer.

Desde siempre los lugares ofrecieron a los seres humanos la seguridad y la confianza para el despliegue  de sus  potencialidades. Por ello lo primero que se institucionaliza como entidad político – territorial es la localidad o el municipio.

Hace doscientos años ese Espíritu se presentó en los asambleístas de Cádiz, cuando definen el orden territorial de la Nación Española e institucionalizan las provincias y las parroquias como entidades sustantivas del nuevo orden.

Aquí estamos para dar testimonio de que ese espíritu está vivo y mi tesis es que todas estas nuevas realidades que corren, sobre todo las relacionadas con la Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones, la globalización financiera y la extensión de las redes globales, ponen de nuevo de relieve la necesidad de atender el lugar como el nicho propio y natural de la persona humana, de la familia humana y de los grupos íntimos.

El carácter futurista de la Constitución de Cádiz y el orden territorial descentralizado, con fuerte presencia provincial y local, toma nuevos aires entre las alternativas que se barajan en la búsqueda de un orden espacial o territorial que corresponda con los tiempos que corren, pero que no dejen abandonada a la persona humana y su espacio vital.

La nueva naturaleza de los lugares.

Los lugares ya no son lo que eran. Su naturaleza es distinta como consecuencia de la revolución en el campo de la información y las comunicaciones,  del proceso de globalización y de los otros cambios que en las nuevas realidades emergen. Sus demandas son diferentes, su opciones, sus desafíos.

El orden territorial que emergió en la Revolución Industrial fue concentrador y polarizante. Las exigencias del modelo productivo exigían  concentración de capital, de mano de obra, de mercados y de empresas productivas en grandes aglomeraciones urbanas focalizadas en pocos territorios.

El modelo condujo igualmente a la concentración en pocos sitios de las oportunidades, la información, los conocimientos y el poder. Todo el modelo privilegió a pocos lugares en el mundo, desde donde se ejerció  todo el poder económico, intelectual, cultural y político.

Eso lo está cambiando rápida y profundamente el modelo de la Revolución de la Información y el Conocimiento. Ahora un lugar con conectividad puede tener toda la información que antes era privilegio de unos pocos. Ahora se extiende el conocimiento, se despolariza, se descentraliza y se democratiza.

Ahora toda la gente, independientemente del lugar, donde viva tiene oportunidades. Al menos no tiene restricciones de orden técnico. Ahora es un asunto político, por ello la importancia inusitada que adquiere la gerencia pública local, que también cambia de naturaleza.

Y nos preguntamos:

¿Podrán los lugares aprovechar esta bisagra histórica que el mundo vive para afianzar sus fortalezas y atenuar sus debilidades?

¿Lograrán insertarse adecuadamente en lo global, desde su identidad local?

¿Darán los lugares aportes sustantivos a los procesos globales, que los influyan?

¿Se perderán las identidades locales en las tendencias homogeneizadoras o estandarizantes de la  globalización?

¿Será cierto que el mundo será plano y monótono? ¿O será desigual y diverso?

Dos tendencias:

1.- La estandarización.

Las fuerzas de la globalización tienden a hacer del mundo una sola realidad, un solo mercado, una enorme red de redes y a la larga una sola cultura. Unas pocas personas y unas pocas empresas desterritorializadas – es decir sin lugar - tienen aquí el predominio de dibujar el presente y sobre todo el futuro.

Así como se habla del “fin de la historia” se pudiera hablar del “fin del lugar”. Manuel Castell sostiene que la sociedad red es la nueva forma de organización social surgida en la era de la información. (CASTELLS: 2000, 2006). Se habla de que el mundo es plano, la aldea global, etc.

Lo cierto es que se marcha velozmente a la conformación de un solo espacio planetario dominado por la economía de mercado y por las redes de información, ambas con predominio de unas pocas empresas, que dicen que se hace y como se hace.

Por ello el lugar propio de la globalización es el no-lugar. Es decir aquellos espacios que no tienen una identidad definida y propia, o mejor dicho tienen una sola identidad planetaria, global, plana.

Marc Augé (1996) creó el concepto de “No-lugares” para referirse a espacios de confluencia temporal, anónimos, donde personas en tránsito deben instalarse durante algún tiempo de espera, sea a la salida del avión, del tren o del metro que ha de llegar.

Pero este concepto se extiende a todos aquellos espacios donde las personan van solo como meros consumidores sin otra relación que el ser consumidores, o el mero encuentro temporal y anónimo.  Augé ponía como ejemplos típicos de los no – lugares a los aeropuertos, estaciones de trenes y otros espacios parecidos.

Considero que el mejor ejemplo de “no – lugar” es el “mall” o gran centro comercial. Todos son parecidos en sus pasillos, tiendas, colores, decoración, mobiliario, ferias de comida, etc. Pueden estar en cualquier clima, en cualquier relieve, en cualquier país, en cualquier parte y son todos parecidos. El “mall” es el lugar de lo global.

Pero existen otros “no – lugares” – como las oficinas bancarias, las clínicas o  los hoteles “todo incluido”,  estos últimos verdaderos enclaves que aprovechan los atractivos naturales de una región sin dejarle mayores efectos multiplicadores o encadenamientos productivos.

Muchas de las expansiones urbanas son propiamente “no – lugares”. Urbanizaciones todas parecidas, de  edificios de apartamentos  o “townhouses”  idénticos en todas partes, sin conexión arquitectónica alguna con el territorio que la rodea, ni con el clima,  la cultura de la localidad, ni con sus costumbres.

Así se va construyendo un mundo monótono, simple y aburrido. Sin personalidad alguna. Sin identidad.

La globalización de la codicia.

Uno de los más trágicos ejemplos de estos procesos “desterritorializadoras” de la globalización son las entidades financieras.

Leopoldo Abadía explica admirablemente y con suma ironía este proceso y pone como ejemplo la “Caja de Ahorros de San Quirico de Safaja”. Que antes de la globalización financiera era ejemplo de seriedad y confianza, pues estaba en manos de gente conocida en el lugar, quienes sabían quién colocaba sus ahorros en su organización y a quien prestaba y para qué, pero que  en aras de la modernidad se “enredó” en los tejidos de las finanzas internacionales, manejadas por supuestos expertos con marcadas credenciales avaladas mundialmente, pero desconocidos que manejaban un lenguaje también desconocido.

Esos expertos de lejanas instituciones de mucho renombre inventaron extraños instrumentos, complicados procesos y extrañas siglas, pero como ganaban fabulosos bonos por las operaciones que efectuaban, se abombaron tanto que terminaron explotando, no ellos, sino a personas tan conocidas y cercanas como los pequeños ahorristas de San Quirico de Sajafa. Y así de todas las comarcas de casi todas partes.

El “efecto desterritorializador de la globalización” que tanto comentamos en los ejercicios teóricos se expresó ahora de manera trágica y dolorosa  en lugares concretos, en familias conocidas y en personas de carne y hueso.

2.- La lugarización:

Me imagino que la gente de San Quirico está muy enfadada con la globalización. Pero también sabe de sus ventajas. Por ejemplo conoce de primera mano todas las explicaciones que se dan sobre su situación. Y lo que hacen sus gobiernos por enmendar – o empeorar – su situación. Está ahora mejor informada.

Y esto sí es sustantivo en el proceso de globalización y sus efectos en los lugares. La información, que antes de la era digital – o de la sociedad del conocimiento – era privilegio de pocos lugares, ahora puede fluir a todos los lugares… y desde todos los lugares. Y eso cambia la naturaleza del lugar.

Ya lo advertía Manuel Castell en el año 2009: “Si las personas pierden el control de sus vidas que depende de flujos financieros globales, cuyo origen y destino ignoran, y de sistemas de  comunicación de símbolos que priorizan la cultura global sobre la local, entonces se refugian en aquello que conocen y en que se reconocen: su casa, su familia, su lugar, su religión, su lengua, o sea, todo lo que los sociólogos llamamos identidades primarias históricamente construidas”. (CASTELLS: 2009)

Y es que la gente necesita la seguridad y la confianza de su espacio íntimo y conocido. “La globalización está provocando un obsesivo afán de identidad – dice el filósofo José Antonio Marina – que va a provocar muchos enfrentamientos. Nuestras cabezas se mundializan, pero nuestros corazones se localizan”

Solo que ya no es solo aquel lugar tradicional, sinónimo de aislamiento. Lo lugareño está pasando de ser un sinónimo de atrasado y rústico a de innovador y cultivado, pues la gente del lugar tiene ahora toda la información disponible que antes era privilegio de algunos pocos sitios, solo que al ritmo de su propio lugar, sin la vertiginosa y agitada vida de lo que antes – en el paradigma del modelo industrial o de la modernidad –  eran los “centros” que capitalizaban el conocimiento, la información y las oportunidades.

Las tics llevan la información a todas partes, pero no para  llegar a ser un mundo más “plano” en el sentido de uniforme, sino todo lo contrario, más heterogéneo y diverso, más plural.

La filósofa estadounidense Martha Craven Nussbaum fue galardonada el 16 de mayo de 2012 con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. Ella ha propuesto para el despliegue de las capacidades humanas la necesidad de un marco constitucional y político respetuoso con las tradiciones e instituciones locales, que sea capaz de traducirse en objetivos políticos en contextos concretos.

El lugar de la local en lo global es el de la sostener la diversidad, la heterogeneidad, la singularidad y poblar a lo global de la maravillosa diversidad de la cultura humana.

También servir del espacio propio para que la iniciativa de la gente en función de su identidad se exprese y se despliegue.

Iniciativas que encuentren terreno fértil en el lugar donde se vive, sin tener que abandonar la querencia para poder ser exitoso en un mundo de redes y relaciones, que no tienen – necesariamente – que despreciar lo vernáculo.

El derecho a vivir en tierra propia, conocida y amada y ser exitoso a la manera del siglo XXI.

Lo global encuentra en el lugar o en lo local la alternativa para no aburrirse en una sola manera de ser en una sola cultura planetaria. Encuentra en los lugares la posibilidad de animar una nueva e inusitada variedad fruto del empoderamiento de los lugareños para apoyarse en las tics para hacer de sus localidades experiencias de identidad más profunda, pero de vanguardia.

El lugar de lo local en esta globalización de distinto signo, será entonces la localidad y su expresión político – territorial será la descentralización, la municipalización y la provincialización. Es decir el lugar con toda la capacidad de despliegue del potencial creador de la persona que se encuentra cómodo en su nicho, en su espacio ecológico, en su nido.

David Bohm (2008) habla  en “La totalidad y el orden implicado” que en cualquier elemento del universo se contiene la totalidad del mismo: la parte está en el todo, y el todo está en la parte. Detrás de la apariencia del orden desplegado existe un orden implicado. Estamos ante una oportunidad muy interesante, que consiste en hacer realidad la idea de la gran armonía que tenía Leonardo Da Vinci, o Alejandro de Humboldt o los grandes maestros budistas.

La idea del lugar propio y singular, fruto de su historia y de su geografía, de su gente y su paisaje, en red global con la sociedad de la información y el conocimiento.

Algo no muy lejos de los sueños de la gente que se reunió en estos lugares gaditanos hace doscientos años.

 

BIBLIOGRAFIA

ABADIA, Leopoldo.

http://leopoldoabadia.blogspot.com/

AUGÉ, Marc.

1995      Los no lugares: espacios del anonimato: una antropología de la sobremodernidad.  Barcelona, Editorial Gedisa.

BOHM, David

2008. La Totalidad y el Orden Implicado. Kairós Editorial

 

CASTELLS, Manuel.

2000      La Era de la Información.  Madrid, Editorial Alianza.  Vol. 1: La Sociedad Red.

2002      Innovación tecnológica y desarrollo territorial.  En: VILLALTA, Joseph y PALLEJÁ, Eduard (Edits.) Universidades y desarrollo territorial en la sociedad del conocimiento.  Barcelona, Universidat Politécnica de Calanuya.

SÁBATO, Ernesto

2000  La Resistencia. Buenos Aires: Grupo Planeta Argentina / Seix Barral.

FGC/Cadiz/España/mayo 2012

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LUGARIZACIÓN Y EL DERECHO LOCAL

Francisco González Cruz

 

Los procesos de desarrollo humano sustentable local están estrechamente articulados al tema del territorio y su naturaleza, el poblamiento y las características fundamentales de sus habitantes, su identidad, el tipo de relaciones que establece con el entorno regional, nacional y global, su densidad tecnológica, el capital social que presenta, sus estructuras productivas, el diseño institucional político-territorial y otros elementos.

Es un asunto complejo y heterogéneo que atiende a múltiples dimensiones y factores, que requiere distintas miradas e interpretaciones  y exige para su trayectoria proyectos consensuados fruto de una alta participación ciudadana.

De todos estos asuntos interesa en este trabajo profundizar la naturaleza del lugar y sus vinculaciones con algunos  temas de carácter político – jurídicos. Antes es necesario precisar algunos conceptos como el de lugar y el de lugarización.

 

La palabra “lugar” viene del griego “lóchos”, que significa el lecho donde uno fue engendrado, en el que nació y en el que con toda probabilidad transcurrirá la vida y donde seguramente morirá. El lugar es el espacio territorial íntimo y cercano donde se desenvuelven la mayor parte de las actividades del ser humano.  Es una síntesis de sus componentes físicos y humanos y el resultado de su historia en ese marco natural específico, en consecuencia es una síntesis geohistórica que se expresa en un paisaje característico y que le otorga una singularidad propia e inconfundible.  El lugar puede ser una aldea, un pueblo o  un barrio de una ciudad.  Siempre será, necesariamente, un espacio geográfico limitado en su tamaño, de tal manera que la gente pueda establecer relaciones interpersonales. 

La lugarización se entiende como el proceso mediante el cual un lugar se inserta adecuadamente en lo global afirmando su identidad y su naturaleza. Involucra transformaciones que traducen las fuerzas verticales de la globalización a las circunstancias propias de la vida de la localidad, pero también la revalorización de lo propio del lugar para insertarlo con éxito en lo global.

Interesa entonces en lo que respecta al desarrollo humano local considerar asuntos como el tamaño del territorio y sus características, su patrimonio natural, los sistemas ambientales, la sustentabilidad local y otros elementos. Igualmente interesa el poblamiento y la ocupación del territorio, las características de su población, conexiones y redes sociales. También las estructuras familiares predominantes, organizaciones, participación, equidad, etc. Igualmente la cultura local, el grado de desarrollo de su capital social, las líneas fundamentales de la identidad, los valores vernáculos y otras características relacionadas con la naturaleza de le gente del lugar.

Es importante la estructuración político – territorial que tiene el lugar, su grado de autonomía, las formas de organización del sector público, la gestión estratégica del desarrollo local, rendición de cuentas, gobernanza, relaciones con otros lugares. La política local y sus actores, participación, integración y liderazgo.

Otros temas se refieren a la economía, sectores productivos, cadenas productivas, las empresas y sus regulaciones, la productividad, la economía solidaria, relaciones, calidad del trabajo, cobertura, etc.

Es importante considerar las dimensiones emergentes de los tiempos que corren como la conectividad, uso de las nuevas tecnologías de las comunicaciones, densidad y contenidos. La creatividad, innovación y emprendimiento. La densidad científico – tecnológica.

Existen algunos elementos claves que pueden comportarse como impulsores o gatilladores del desarrollo humano sustentable. Dependen mucho de las características propias de cada lugar pero están asociados al liderazgo tanto personal como institucional, si existe o no planes estratégicos, cuales son los eventos que mueven a la gente tales como un aniversario, encuentro deportivo, religioso o cultural, algún factor económico, la ocurrencia de un acontecimiento extraordinario, un personaje emblemático, incluso una obra de arte, una edificación o un monumento natural, una leyenda, en fin algo que mueva la emocionalidad del colectivo local.

El tamaño del lugar y su régimen político-administrativo.

Si el lugar es una unidad geohistórica, con identidad y sentido de pertenencia de sus “lugareños”, es un territorio espléndido para que sirva para el ejercicio del poder local. La iglesia católica así lo entendió cuando desde los primero tiempos creó la parroquia, término que “procede del latín parochia, o del griego paroikia, que significa avecindamiento; paroikos equivale a vecino y paroikein a residir. Por consiguiente forman la parroquia los que “viven junto a” o “habitan en vecindad”. La parroquia eclesiástica está bajo el gobierno de una “párroco” que a su vez depende de un Obispo que ejerce el gobierno de la Diócesis o conjunto de parroquias cercanas. (Arquidiócesis de San Luis Potosí).

De manera que el ámbito territorial de un lugar está básicamente definido por las relaciones estrechas entre sus habitantes, por el sentido de identidad que los singulariza, por los lazos de vecindad que les da coherencia a sus pobladores. La gente se “siente” de ese lugar, lo conoce, identifica a sus residentes. En consecuencia es un territorio relativamente pequeño, cercano, inmediato. Generalmente tiene un “centro” alrededor del cual gravita la vida lugareña. Ese centro puede ser un pueblo o una pequeña ciudad, o una plaza alrededor de la cual están los poderes públicos, el templo, el mercado y algunos sitios de esparcimiento.

En término políticos – territoriales la entidad apropiada para el gobierno del lugar es el municipio, entendido en su acepción sociológica como una agrupación de familias situadas en un mismo territorio, para satisfacción de las necesidades originadas por las relaciones de vecindad.  Fortunato González Cruz (1999) en su libro “Un Nuevo Municipio para Venezuela” tiene un valioso contenido relativo a los entes político –  territoriales de gobierno local desde la antigüedad  y desde los remotos tiempos  prehispánicos, para demostrar como el municipio o su equivalente es la forma de gobierno natural para las entidades locales o para los lugares.

Afirma el autor que “es al gobierno local a quien corresponde en primer término atender los asuntos que afectan e interesan directa y personalmente a la gente en la realización de su vida cotidiana porque es el que está más cerca, el que tiene al alcance de la mano, el que está en condiciones de conocer en forma personal y de relacionarse con sus actores sin intermediarios. Esta cercanía del gobierno municipal define varias de sus características: su heterogeneidad porque debe adaptarse a la realidad social sobre la cual se asienta; su tamaño relativamente pequeño referido a un territorio, a una ciudad o a un espacio intercitadino; que agrupa a un número de personas más o menos modesto. También define la naturaleza  de los cometidos que debe atender y los servicios que debe prestar”. (IDEM)

Es a ese municipio “sociológico” que se le da forma jurídica creando el municipio como entidad político – administrativa, con los tres poderes tradicionales: el ejecutivo con la Alcaldía, el legislativo con el Concejo o Ayuntamiento o Cabildo y el judicial con los tribunales locales y la justicia de paz.

El destacado profesor José Luis Villegas (2010), municipalista de dilatada obra, afirma: “Los municipios constituyen una sociedad natural, formada por cuerpos vivos, anteriores a la voluntad del Estado, cuya existencia se reconoce en nuestros días como una institución política de participación popular, democrática y autónoma”(p. 55 y 56).

El destacado constitucionalista Dr. Allan Brewer-Carías (2004) plantea la necesidad de la  “municipalización de los territorios de nuestros países, para que toda comunidad rural, todo caserío, todo pueblo, todo barrio urbano tenga su autoridad local, como comunidad política”. Y basa esta argumentación en el hecho que “la participación política como democracia de inclusión en la cual el ciudadano puede tomar parte personalmente en un proceso decisorio, interviniendo en actividades estatales y en función del interés general, sólo puede tener lugar efectivamente en los estamentos territoriales más reducidos, en el nivel local, comunal o municipal”(p.15)

Así lo entendieron diversos países que presentan un rico tejido municipal con territorios pequeños, una población de tamaño modesto y que atienden los asuntos propios de la vida local. Así lo recoge Brewer-Carías en el trabajo arriba citado “la mayoría de los llamados países desarrollados democráticos predomina la existencia de muchos municipios, y entre ellos, de municipios pequeños: en Alemania, por ejemplo, de sus 16.098 municipios, un 76% tiene menos de 5.000 habitantes; y en España, alrededor del 86% de sus más de 8.056 municipios, tienen menos de 5.000 habitantes, agrupando sólo el 16% de la población, y el 61% tiene menos de 1.000 habitantes6. Incluso se puede destacar el caso de la Comunidad de Comunidad de Castilla y León, que alberga algo más de un cuarto del total de los Municipios de España, con 2.248 municipios para 2,484.603 habitantes, de los cuales el 68,5 %, es decir, 1.540 municipios tienen menos de 500 habitantes” (p.12)

Y agrega “El municipio latinoamericano contemporáneo, al contrario, está en el otro extremo y en general ha adquirido un ámbito territorial tan alto y extraño al ciudadano, que hace que no sirva ni para gerenciar adecuadamente los intereses locales ni para configurarse en instancia de participación política de la ciudadanía en la decisión o gestión de sus propios asuntos comunales”. Por eso insiste en la creación de muchos municipios, tanto como comunidades naturales tenga un país.

 

El gobierno del lugar.

El gobierno municipal lugarizado debe responder a las características propias de la localidad particular, por ello debe tener una clara identidad con la cultura a la que sirve. Si es urbana o rural, comercial o industrial o de servicios, agrícola o pecuaria, con vocación turística de determinado tipo (playa, montaña, religiosa, gastronómica, turismo de salud, etc.), localidad universitaria, o portuaria, o deportiva, o cruce de caminos, de parques tecnológicos, en fin las infinitas posibilidades que existen. La uniformidad de los regímenes municipales no contribuye al desarrollo humano local.

Es una administración municipal que debe  parecerse al territorio que gobierna y a su gente. Que valora la identidad y la promueve. Que promueve la sustentabilidad, que estimula a los sectores productivos propios que generan empleo local, que favorece la calidad de la ciudadanía y sus organizaciones,  alienta la cultura vernácula, irradia los valores del lugar y se compromete con el bienestar de todos.

El tema de las competencias municipales es fundamental y el principio que debe guiar esta materia es el de la subsidiariedad, claramente expresado por el Papa Pío XI (1931) en la Encíclica Quadragesimo anno, en los siguientes términos: “No se puede quitar a los individuos y darlo a la comunidad, lo que ellos pueden realizar por sus propias cualidades y esfuerzo. Es gravemente injusto y perturbador del recto orden, quitar a las comunidades menores e inferiores lo que ellas pueden hacer y dárselo a una sociedad mayor y más elevada, ya que toda acción de la sociedad, por su propia fuerza y naturaleza, debe prestar ayuda a los miembros del cuerpo social, pero no destruirlos y absorberlos”.

Conforme a este principio, el municipio debe ejercer todas las competencias propias de la vida local, incluyendo la promoción de su desarrollo humano integral. Lógicamente articulado al orden superior llámese provincia, estado o departamento y al poder nacional. En esas instancias debe el municipio participar cuando de decisiones que lo afecten se  trate.

La adaptación a la localidad incluye el tamaño de la organización municipal y el volumen de su burocracia, que en términos generales debería ser financiada con los propios recursos que recaude y algunas trasferencias de carácter nacional. En general se trata de una estructura modesta, sostenible, plana y accesible a la gente.

El poder ejecutivo local es ejercido por el Alcalde, quien debe contar con una estructura adecuada y dotada con un funcionariado profesional y bien pagado, pues se trata de la administración de las competencias propias de la localidad en temas como urbanismo, servicios públicos y hacienda.

El Concejo como poder legislativo en cambio debería ser ejercido por una representación de los ciudadanos con carácter  absolutamente “ad honorem”, que se reúne para discutir y aprobar ordenanzas, controlar a la Alcaldía y trazar políticas y estrategias.

ltribunales locales de policía y tránsito, diversos mecanismos para mejorar el acceso a la justicia como las “clínicas jurídicas”, las ONG’s de derechos humanos, la educación ciudadana y otras formas de acercar la administración de justicia al ciudadano.

 

CONCLUSIONES

El lugar es el espacio donde mejor pueden concretarse las iniciativas para el desarrollo humano sustentable.

La lugarización es el proceso mediante el cual el lugar se afirma en su identidad pero se inserta adecuadamente en lo global.

La gestión local del desarrollo humano se debe hacer desde el  Municipio que es la entidad político – territorial autónoma por excelencia para la gestión pública del lugar.

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Arquidiócesis de San Luis Potosí. http://www.iglesiapotosina.org/seccionesarquidiocesis/parroquiasydecanatos/parroquia/historiaparroquia.htm

 

Brewer-Carías, Allan R. 2004 “Sobre la globalización, la lugarización y el pequeño municipio” Ponencia presentada a las X Jornadas de Federalismo, Descentralización y Municipio. Centro Iberoamericano de Estudios Provinciales y Locales (CIEPROl), Mérida.  .

 

González Cruz, Fortunato. 1999. “Un nuevo municipio para Venezuela”. CIEPROL – ULA. Mérida.

 

Pío XI (1931) Carta Encíclica Quadragesimo-anno En:

http://www.vatican.va/holy_father/pius_xi/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_19310515_quadragesimo-anno_sp.html

 

Villegas Moreno, José Luis.2010. “Doscientos años de municipalismo”. UCAT. Fundación de Estudios de Derecho Administrativo. Caracas

 

 

 

 

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IDENTIDAD, DESARROLLO LOCAL Y EMPRENDIMIENTO: ALGUNOS CASOS EXITOSOS

 

LUGARIZACIÓN Y EMPRENDIMIENTO

 

Nueva Esparta se llama así en homenaje a su coraje por tomar las primeras iniciativas en la lucha por la Independencia. Recuerda entonces a otra Esparta, la de la antigua Grecia, que era una sociedad guerrera, prácticamente un cuartel que vivía de sojuzgar a los vecinos. La identidad de los neoespartanos no tiene entonces nada que ver con la identidad de los antiguos espartanos. La identidad de los neoespartanos tiene que ver con su carácter insular, la presencia de un mar muy rico y hermoso, de extraordinarias playas. Tiene que ver con su pasado indígena, con la inmigración española y de otras nacionalidades. Tiene que ver con la identidad oriental en general.

Así se forma una cultura propiamente margariteña – para no decirle neoespartana  – que se manifiesta en un lenguaje, en unas costumbres, una particular gastronomía, la música, mitos y leyendas y todo un complejo de asuntos que conforman una manera propia de ser.

Todos las teorías del desarrollo local dicen que se debe partir de eso que llamamos identidad para diseñar el futuro posible. Que no es otra cosa que el emprendimiento de un desafiante camino. En de labrarse un mejor destino.

En el orden personal es igual: somos unos seres con unas características propias, vivimos en un lugar específico y en un tiempo determinado. Nuestro proyecto personal, el diseño de mi alma, como diría Nelson Mandela, parte de esas circunstancias que llamamos identidad personal.

Como personas y como lugares somos lo que somos y somos potencia de lo que decidamos ser. Esa decisión de ser el dueño de su propio destino. Como dice el poema “Invictus” de William Ernest Henley,  que fueron los versos de cabecera de Nelson Mandela:

“soy el amo de mi destino;

soy el capitán de mi alma”.

Ese es el emprendimiento fundamental, el diseño de ser que queremos ser, a partir de lo que somos.

Y eso le pasa igualmente a los lugares, sean estos una comarca, un pequeño pueblo, una ciudad, una región o un país.

 

Sin embargo… algo muy importante está pasando. Es el fenómeno de la globalización. La globalización es una proceso que  abarca todo y a todos. No hay persona o lugar que no salga afectada. Para bien o para mal. Ya muchos especialistas se han encargado de estudiar sus virtudes y sus males. Solo me referiré a un solo aspecto de los muchos que tiene este fenómeno. Es la tendencia que tiene a la estandarización, a la homogeneidad de las personas y los lugares. Es la tendencia a generar una sola identidad mundial… o global.

 

El desafío: la lugarización

 

 

La uvm

 

 

EMPRENDIMIETO ENDÓGENO.

IDENTIDAD

EMPRENDIMIENTO

EMPRENDIMIENTO PARA LA IDENTIDAD, LA DIVERSIDAD, LA HETEROGENEIDAD.

DE LAS RAICES AL FUTURO CALEIDOSCÓPICO.

LUGARIZACIÓN Y EMPRENDIMIENTO

 

EMPRENDIMIETO ENDÓGENO.

IDENTIDAD

EMPRENDIMIENTO

EMPRENDIMIENTO PARA LA IDENTIDAD, LA DIVERSIDAD, LA HETEROGENEIDAD.

DE LAS RAICES AL FUTURO CALEIDOSCÓPICO.

 

IDENTIDAD: NUEVA ESPARTA – ESPARTA – VALIENTE – NEOESPARTANOS – LOS NUEVOS VALIENTES

 

TRUJILLO – LUGAR NATAL DEL FUNDADOR – NUEVA TRUJILLO.

 

GALLEGOS – BRUTOS/ ANTIOQUEÑOS – EMPRENDEDORES. REGIOMONTANOS-PUCHIRRES. ORIENTALES – DESORDENADOS/ALEGRES/ABIERTOS – ANDINOS –TRABAJADORES/RETRAIDOS

 

EMPRENDIMIENTO:

 

Emprendimiento basado en el lugar: costumbres, mitos y leyendas, arquitectura, espacios naturales, tradiciones, gastronomía, artesanía, cadenas productivas, ecología, clima, historia…

Emprendimiento sobre el carácter del lugar (o de sus habitantes): caso Lepe, caso Irapuato, caso Tiradentes, caso Loja . Trujillo, Perú (Sin el apoyo del Gobierno: unas 3,000 empresas e specializadas en cuero y calzado).Inexmoda de Medellín. Hoy Rafaela es conocida en todo el mundo como un caso exitoso de desarrollo local. Rafaela es una comunidad que ha fortalecido sus raíces históricas y profundizado la inversión en sus recursos humanos, ya que ha consolidado su especialización productiva y ha podido insertarse a nivel internacional con su fuerte identidad propia”.

 

 

“Algunos años atrás, cuando se ponía gran énfasis en la necesidad de formar personas que fuesen emprendedoras e innovadoras, un amigo mío llegó a una reunión en la cual yo me encontraba, dejando ver su gran entusiasmo por su participación en la creación de un club de emprendedores / innovadores. Los asistentes a la reunión a su vez comenzaron a felicitarle mientras yo permanecía en silencio. Mi amigo, al notar mi indiferencia me preguntó que me pasaba, y si yo no estaba de acuerdo o no me interesaba en formar emprendedores / innovadores. Yo le conteste diciendo que yo preferiría participar en la creación de un club de emprendedores / conservadores, un club de personas que quieren conservar la honestidad, la ética, la seriedad en el quehacer, el compartir, el participar, el respeto por ellas mismas, por los otros seres humanos, y por el mundo natural que hace su existencia posible, en todos los quehaceres que pudiese emprender. Cuando terminé de hablar hubo silencio.” H MATURANA

 

Todo proceso de desarrollo local se basa en una serie de componentes sociales,

económicos, sicológicos y organizativos, que podrán estar presentes con mayor o menor

intensidad. De forma esquemática se pueden señalar:

? ? Aspectos de identidad colectiva. Una identificación de la población con el territorio:

una conciencia de pertenencia e implicación con su desarrollo.

? ? Aspectos de liderazgo. Quién y cómo lo ejerce. Un liderazgo social, que ha de ser

ejercido por un miembro (personal o institucional) de esa comunidad (empresarios,

líderes sociales, políticos, etc.).

Estos elementos son los que crean

 

 

 

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RESUMEN

 

El objetivo del presente trabajo es analizar la nueva naturaleza de los lugares en general, y de las ciudades en particular, como consecuencia de las nuevas realidades impuestas por el proceso de globalización, y los demás cambios de la sociedad del conocimiento emergente.

 

Es una reflexión a la luz de la observación de los procesos en marcha en el orden planetario y en el orden local, con el fin de plantear los desafíos que se le presentan a los lugares – y a las ciudades – de insertarse con eficiencia en la globalización sin perder la identidad y los valores propios de la vida local.

 

Para ello se desarrolla el concepto de “lugarización” como el proceso de una ciudad o una región mediante el cual, sobre la base de amplios consensos de los actores locales, se revaloriza lo vernáculo y paralelamente se aprovechan las fuerzas positivas de la globalización.    

 

Se analizan los nuevos e inusitados desafíos a la gerencia pública, cívica y empresarial local que imponen estas nuevas realidades.

 

Palabras claves: lugarización, desarrollo local, desarrollo endógeno

 

 

 

NUEVAS REALIDADES, NUEVA ORGANIZACIÓN TERRITORIAL

 

Las nuevas realidades, fruto de la Revolución del Conocimiento, especialmente de las tecnologías de la información y de las comunicaciones, cambian la naturaleza de los lugares y muy en particular la naturaleza de las ciudades.

 

Seis nuevas tecnologías transforman al mundo: la microelectrónica, las computadoras y demás aparatos de procesamiento de datos, las telecomunicaciones, los nuevos materiales, la robótica y la biotecnología. Sus impactos cambian el modelo de funcionamiento de la sociedad y de la economía y entre los más importantes procesos está la globalización, entendida como la expansión de las conexiones complejas a nivel planetario, la creciente integración económica entre bloques en el ámbito mundial y  la extensión de la información y las comunicaciones a todos los lugares.

 

En el orden territorial los nuevos sistemas productivos y los ágiles sistemas de comunicación y de transporte, permiten ahora el acceso de cualquier persona, desde cualquier lugar, al mundo global. Hoy, y cada día más y mejor, una persona que tenga un canal de comunicación, aún cuando esté en un remoto sitio, puede relacionarse con cualquiera otra, aún cuando esta también esté distante. Puede enviar y recibir información, comprar y vender, leer y escuchar, hacer un curso o dictarlo, ver un espectáculo o presentarlo, establecer relaciones, invertir y miles de posibilidades más.

 

Esta realidad cambia radicalmente la naturaleza de los lugares, puesto que ahora todos tienen, al menos potencialmente, la posibilidad real de acceso al resto del mundo. La tecnología ha colocado todo al alcance de todos. Abre a los ciudadanos y a las organizaciones la posibilidad de entrar en el mundo y que este entre a sus espacios. Se han derrumbado las barreras de la naturaleza y las distancias. Ahora todo puede estar cerca.

 

Hasta hace poco tiempo existía el privilegio absoluto de unos lugares donde se concentraba todo: la información, la producción, el consumo, la educación, la diversión y el poder. Las grandes aglomeraciones urbanas atraían a la población, a los líderes, a las inversiones y como consecuencia de todo ello concentraban también las oportunidades y las decisiones.

 

Toda persona que deseaba prosperar, si estaba en un lugar distante de esos centros, debía abandonarlo para irse a la gran ciudad. La población se marchó de los campos y las aldeas, se fue a las ciudades, que crecieron y ahora más de la mitad de la población mundial vive en ellas. En los países desarrollados más de las tres cuartas partes de la población es urbana y cerca de una cuarta parte de la población mundial vive en ciudades de más de 750.000 habitantes.

 

En ella misma, en la ciudad, no todos los sitios tenían la misma posibilidad de acceso y dentro de sí se desarrollaban espacios urbanos privilegiados a donde se tenía que ir en búsqueda de información, de trabajo, de bienes y servicios. Las grandes concentraciones urbanas desarrollaron entonces, a su vez, sitios de mayor concentración. Determinadas áreas de la urbe concentraron todo y la densidad de ocupación del espacio se hizo enorme, subiendo los precios del suelo de manera exorbitante, así como los costes de los servicios.

 

De tal manera que un determinado espacio territorial presenta enormes territorios desocupados, mientras pequeños sitios concentran población y actividades. Muchas veces esos sitios no son los que precisamente ofrecen las mejores condiciones desde el punto de vista ambiental, de disponibilidad de recursos naturales u otras ventajas. Crecieron por diversas circunstancias, la mayoría asociadas a las economías de escala y de aglomeración que la propia aglomeración producía. 

 

Esta organización territorial fue fruto de la Revolución Industrial, entre cuyas características más resaltantes era su carácter concentrador y excluyente. El modelo productivo exigía una organización territorial especializada, de gran tamaño, con alta concentración de capital y de personas. Y en consecuencia una infraestructura urbana compleja y grande. A LA INMCLUSICENTRALIZACINFORMACItamaño

ar a los centros poblados tradicionalmente marginados por el modelos de la Revoluci

Esta situación está cambiando rápida y profundamente. Cada día crecen cuantitativa y cualitativamente las posibilidades de acceso a todos y a todo desde cualquier sitio, independientemente de su localización. Las posibilidades se distribuyen cada día más por los distintos espacios territoriales. El desarrollo tecnológico lo está haciendo posible.

 

La organización territorial de este nuevo modelo productivo aún está por verse, pero las tendencias son bastante claras. El sistema productivo tiene a privilegiar los pequeños tamaños de planta, el trabajo intelectual y no masivo, la menor concentración en espacios especializados, el trabajo “ubicuo”, por lo que es natural un modelo territorial más descentralizado, extendido e incluyente de aquellos espacios que no eran privilegiados por el viejo modelo industrial. Incluso aquellas ciudades congestionadas, costosas, contaminadas del viejo modelo, sin no cambian radicalmente van a ser las ciudades marginales de futuro cercano.

 

El renacer de las ciudades, no solo en sus funciones tradicionales de lugares de residencia, trabajo y de servicios, sino en un rol emergente de líderes de la prosperidad económico-social, de la innovación, del emprendimiento e, incluso, de gobierno de alcance trasnacional, es uno de los procesos fundamentales de las nuevas realidades. Incluso pareciera que el futuro será más y más de las ciudades intermedias y menores, que sepan combinar con sabiduría la eficiencia con agradables modos de vida.

 

Entre las otras tendencias en la organización del territorio como consecuencia de la globalización las más evidentes tienen que ver con una pérdida de competencias de los Estados Nacionales a favor de instancias trasnacionales o multilaterales. Materias que antes se consideraban sustantivas a la soberanía nacional, como la moneda, la identidad o las aduanas, cada vez más son transferidas a organizaciones supra nacionales.

 

Otra tendencia menos clara, pero muy interesante, es el inusitado interés por los espacios locales, por los lugares. La descentralización, el nuevo regionalismo, el federalismo, el principio de subsidiariedad, el municipalismo, el localismo y otros términos -como el de lugarización – tienen a crecer en importancia.

 

Al territorio mundial como espacio geopolítico, se suman múltiples y heterogéneos espacios subnacionales de importancia geopolítica creciente. Ciudades, áreas metropolitanas, regiones y hasta ciudades modestas, se convierten en territorios de importancia mundial y juegan roles importantes en las nuevas realidades. 

 

Muchas de estos nuevos liderazgos urbanos surgen exprofeso, es decir, que sus nuevos papeles son fruto de sus propias intenciones expresamente convenidas entre los actores locales. Sus líderes se ponen de acuerdo en el futuro que quieren construir y se deciden a construirlo. De esta manera, estas ciudades aprovechan las nuevas potencialidades de la globalización para alcanzar inéditas funciones que superan ampliamente sus ámbitos tradicionales, y extienden así sus espacios de influencia hasta el propio nivel planetario.

 

Por supuesto que esto plantea nuevas formas de gestión, tanto en el ámbito privado, como público, como de la comunidad cívica. Las nuevas realidades exigen nuevos actores y nuevas funciones. Así como la globalización demanda el surgimiento de nuevas organizaciones de carácter mundial y la reingeniería de las grandes corporaciones, nuevos estilos de gerencia e inusitados reacomodos territoriales, también las  ciudades que asumen los desafíos inventan formas de respuestas a las nacientes demandas, innovaciones organizacionales, estrategias que toman en cuenta nuevas potencialidades, visiones geopolíticas diferentes y, en general, cambios enormes en comparación con las demandas tradicionales. Estas innovaciones locales son recientes y aceleradas, y sobre sus particularidades aún no se tienen los estudios y análisis que el proceso que la causa, la globalización, si ha tenido. Por ello es necesario profundizar en estos temas.

 

 

 

 

LA LUGARIZACIÓN

 

Quisiera introducir el concepto de  la “lugarización”. En las ciencias geográficas la palabra lugar encierra una concepción muy especial.  No sólo es un sitio, barrio, pueblo o comarca. Es, además, su paisaje propio que le da singularidad.  Es una síntesis de sus componentes físicos y humanos. Es el resultado de su historia en ese marco natural específico. El lugar es una síntesis geohistórica concreta. 

 

Se le dice “lugareño” a lo peculiar de sitios o poblaciones pequeñas o a los naturales de esos lugares. Es entonces el lugar, bajo esta acepción, un determinado espacio geográfico delimitado por un territorio relativamente pequeño, donde la gente vive en comunidad, con su clima particular, su topografía, sus tradiciones y sus retos. Se diría que cada lugar tiene su propio ambiente y su propia cultura.

 

Frente a la globalización, que tiende a desdibujar la singularidad, la puesta en valor de los lugares tiene que ver con la satisfacción de la necesidad de identidad, personal y comunitaria. La gente busca reencontrar su propia singularidad y la de los que con ellos viven. Reconocerse como únicos en esta “aldea global”, en este mundo donde todos se parecen en su estilo de vida. Es la vuelta al individuo o, mejor dicho, a la persona.

 

Esta idea de la “lugarización” también tiene que ver con esta especie de “vuelta a las manos” que representa el despertar del interés por la artesanía, por las comidas típicas, por el turismo de posadas y por la naturaleza. Pareciera que el hombre busca en lo pequeño, en lo manual, en lo íntimo y en lo natural la identidad perdida por la estandarización de los estilos de vida.  Muchas veces la gente abandona la bien programada comodidad de los grandes hoteles y va en búsqueda del calor natural de una posada, administrada un tanto empíricamente por una familia que le gusta atender forasteros.

 

Esta  búsqueda de identidad personal tiene entonces en  el  orden económico  la  consecuencia  del planteamiento de  una  economía  “a escala  humana” más o menos en el camino ya anunciado por  E.  F. Schumacher (1984) en su famoso libro: “Lo Pequeño es Hermoso”. 

 

Esta búsqueda de singularidad hace que la gente empiece a valorar lo que la identifica y la separa de lo demás. En las ciudades, barrios y en los pueblos la arquitectura típica es resguardada o restaurada, su folklore es de nuevo puesto en vigencia, se aprecian de nuevo los viejos platos de la culinaria tradicional, se rescatan los recuerdos que hicieron hito en el desarrollo del lugar, se cuida la calidad de vida comunitaria y se muestra con orgullo el resultado de ese proceso.

 

Muchas comunidades han rescatado su propio lenguaje, planifican y administran sus sistemas educativos para mejorar la calidad e introducir estos elementos locales o regionales, crean sus sistemas de seguridad y se organizan para enfrentar con éxito sus propósitos.

 

Johann Gottfried Herder, poeta y filósofo del siglo dieciocho, citado por Isaiah Berlin (1999) decía: “…así como la gente necesita comer y beber, tener seguridad y libertad de movimiento, así también necesitan pertenecer a un grupo”. Y afirmaba que el ser humano significa ser capaz de sentirse en casa en algún lugar. Herder consideraba que únicamente lo singular poseía valor genuino. Para él, dice Berlin, había pocas verdades eternas: el tiempo y el lugar y la vida social, lo que llegó a ser llamado sociedad civil, lo eran todo.

 

Lo cierto es que las necesidades existenciales de identidad y de participación, presentes desde el nacimiento mismo de la humanidad, encuentran sus mejores satisfactores desde el lugar concreto e íntimo que cada cual ocupa.

 

Lugarización, entonces, se refiere a los lugares como globalización al globo terrestre. Si la palabra globalización quiere significar todos los procesos que hacen de todo el planeta un solo espacio, la palabra lugarización quiere significar todos los procesos que revalorizan a lo local, en el marco de los procesos globales.

 

Una palabra que se usa mucho para referirse a este proceso de revalorización de lo local es localismo o localización. En este sentido son sinónimos de lugarización, aunque pareciera que se refieren más al proceso administrativo de transferencia de competencias, funciones o actividades a los niveles locales, sea de una empresa o del gobierno.

     

La palabra lugarización, en cambio, evoca mejor un proceso que va mucho más allá del ámbito administrativo y que envuelve una nueva dimensión de lo local, una revalorización de la naturaleza de la localidad, un cambio cualitativo en el ecosistema o hábitat comunitario. Son procesos múltiples en donde lo administrativo es solo una dimensión dentro de un complejo juego de relaciones que hacen de lo local algo mucho más importante y sustantivo de lo que era antes.

 

¿Cómo se define un lugar? Es el espacio territorial íntimo y cercano donde se desenvuelven la mayor parte de las actividades del ser humano. Generalmente, es el sitio donde una persona nació y creció, donde se educó, labró su personalidad, están sus familiares, cultivó sus amistades y con el cual estableció un vínculo afectivo. En una comunidad definida en términos territoriales y de relaciones humanas, con la cual la persona siente vínculos de pertenencia. Puede ser una aldea, un pueblo, un barrio o un condominio. Siempre será, necesariamente, un espacio geográfico limitado en su tamaño, de tal manera que la gente pueda establecer relaciones interpersonales.

 

El lugar es el territorio, en términos ecológicos, de una persona. Es la zona donde se establece su comunidad y donde está su historia, sus referencias topográficas, sus definiciones culturales, sus afectos, donde se gana la vida y donde pasa la mayoría de su tiempo.

 

Mucha gente tuvo que abandonar su lugar natural, donde nació y se crió, porque no le ofrecía oportunidades de prosperar, estudiar, trabajar o divertirse. Sin embargo, está demostrado que la mayoría de la gente no quería irse, lo hizo porque desde su lugar no tenía acceso a las oportunidades de ascenso. Incluso existen estadísticas que demuestran que la enorme mayoría de la gente en todo el planeta vive cerca del lugar donde nació. Por más que tenga que irse, la mayoría se va a un sitio cercano a lo que considera su lugar.

 

Este sitio íntimo tenía que ser abandonado si no coincidía con esos pocos espacios territoriales que concentraban el acceso a las oportunidades y que eran la expresión territorial del modelo industrial. Y la gente tenía que vivir en un nuevo sitio y desarrollar allí nuevos vínculos, nuevas relaciones, pero no se abandonaba del todo aquella querencia de origen. Se volvía a la tierra natal o se reproducían los recuerdos de alguna manera en los nuevos lugares, con el estilo de las construcciones, el nombre de los establecimientos, en la nomenclatura urbana, o en los clubes de paisanos, o en las mil distintas expresiones de la nostalgia.

 

Pero ahora todo comienza a cambiar. Las posibilidades que la ciencia y la tecnología ponen a disposición del hombre para relacionarse a escala planetaria están modificando la geografía humana, en particular la de los asentamientos humanos.

 

Si ahora la gente tiene posibilidades de acceso desde su lugar, este tiene un nuevo valor. Ya la gente no está estructuralmente bloqueada si no vive en un lugar que no sean aquellos pocos privilegiados por los procesos de concentración previos a la revolución tecnológica. Ahora puede relacionarse desde cualquier parte.

 

Entonces la calidad de la vida local tiene una nueva e inusitada dimensión. La gente tiene derecho no solo a una aceptable calidad de vida local, sino que esta le dé la posibilidad de acceso a lo global. Ya no cuenta que la localidad le ofrezca solamente aceptables servicios públicos y alguna que otra ventaja. Ahora cuenta mucho que la localidad garantice a la gente, además, posibilidades reales de competitividad a escala planetaria

 

La competitividad global de una localidad significa muy buenas posibilidades de acceso a la información y a las telecomunicaciones, pero también una excelente educación, servicios de salud eficientes, seguridad personal e institucional, espacios de calidad para el disfrute del tiempo libre, buena vialidad y servicios domiciliarios eficaces. 

 

La competitividad local tiene mucho que ver con la calidad de la gestión pública, tanto provincial como municipal. También con la calidad de las redes organizacionales de la comunidad cívica, o sociedad civil. Por ello la descentralización y el federalismo tienen ahora una nueva e importante connotación.

 

Las consideraciones relativas a la “lugarización” tienen varias consecuencias, tanto en el orden social como en el político – administrativo.   La gente se convence que su calidad de vida y su prosperidad dependen fundamentalmente de su propio esfuerzo y entonces se organiza para hacer las cosas que considera necesario. No espera que las autoridades resuelvan los problemas. La gente toma conciencia, se organiza y actúa. Es la vuelta a la comunidad y a la sociedad pluralista. Ya lo afirmaba el líder Sudafricano Nelson Mandela: “las comunidades están tratando de encontrar nuevas formas de conducir la política”.

 

Por su parte el gobierno también toma conciencia de esta realidad y se convence que desde estructuras altamente burocratizadas y centralistas, lentas y costosas, nada puede hacer en un mundo que demanda soluciones rápidas y localizadas. Los grandes sistemas públicos empiezan, a veces a su pesar, a descentralizarse y a introducir criterios de administración más ágiles y creativos, que toman en cuenta a la demanda real y sentida de la gente.

 

La reforma del Estado es una de las respuestas a las nuevas realidades, tanto las referidas a la globalización como a la descentralización. Las transformaciones de los sistemas políticos apuntan en dos direcciones: a la integración de grandes espacios geoeconómicos, transfiriendo poder hacia arriba, hacia estructuras internacionales; y a la descentralización, mediante el fortalecimiento de los espacios territoriales locales, transfiriendo poder hacia los estados y municipios. 

 

Son entonces los entes territoriales menores los apropiados para estas nuevas exigencias que se le hacen a la administración pública.  Ya no es desde el gobierno central desde donde es posible adelantar las respuestas adecuadas. Es desde los gobiernos provinciales y locales. Y desde las propias comunidades organizadas.     

 

Las consecuencias más importantes de este proceso en el orden político son: a) la vuelta desde el Estado hacia la sociedad civil y, b) desde las estructuras centrales hacia la descentralización.

 

No parece entonces necesariamente contradictoria la idea de conciliar las ventajas de las nuevas tecnologías y sus consecuencias globalizadoras con la existencia de lugares singulares llenos de personalidad. Una cultura planetaria conviviendo con muchas y variadas culturas locales.

 

La lugarización es, en síntesis,  un proceso endógeno mediante el cual un lugar – una ciudad o una región – decide revalorizar todo aquello que le da singularidad para insertarse con eficiencia al aprovechamiento de las ventajas de la globalización sin perder su identidad.

 

 

LUGARIZACIÓN, DESCENTRALIZACIÓN Y FEDERALISMO

 

Estos procesos de globalización y de lugarización tienen enormes consecuencias en las formas de administración de los asuntos públicos y también de los asuntos privados. Ya las organizaciones centralizadas, verticales, autoritarias, enormes y pesadas no responden con eficacia a los desafíos de las nuevas realidades.

 

Para poder ser exitosas las organizaciones están cambiando rápidamente en varias direcciones. Por ejemplo ahora toma mucha importancia la capacitación de la gente, la desconcentración de funciones y la descentralización de competencias. Las organizaciones ahora tienden a ser descentralizadas, horizontales, democráticas, pequeñas y ágiles.

 

En referencia a los asuntos político-territoriales, ahora adquiere mayor importancia el gobierno local y provincial, tanto como la comunidad cívica, pues son sustantivos para los procesos de lugarización, pues toca a estas organizaciones liderizar el crecimiento de la calidad de la vida local y su adecuada inserción en lo global.

 

Ya no es tan importante a estos efectos la presencia de los gobiernos nacionales, generalmente pesados, lentos y remotos, desconectados con las múltiples realidades locales. A esas estructuras corresponden las grandes políticas que orientan la vida de toda la Nación y la administración de las competencias propias de los gobiernos centrales. Pero la mayoría de los asuntos públicos atinentes al ciudadano, a la familia, a las organizaciones civiles y a las empresas, son asuntos que deben atender los gobiernos provinciales y locales.

 

La rapidez y la profundidad de los cambios, las expectativas de la gente, las necesidades de una alta interconexión en el ámbito planetario, exigen de las organizaciones respuestas rápidas y eficientes que los aparatos centralizados no están en capacidad de ofrecer. La eficiencia en las decisiones exige que estas se sitúen cerca de donde se ejecutan, por ello la descentralización y el federalismo ganan espacio rápidamente.

 

La centralización es una forma de administrar cuando no se confía en los niveles menores, cuando se quiere desestimular la participación, para imponer un “orden” establecido por la alta jerarquía, para homogeneizar un colectivo o, como afirmaba Alexis de Toqueville, para impedir, no para hacer. La centralización limita la creatividad, la agilidad, la transparencia, el pluralismo, la diversidad y la democracia. El centralismo desprecia la capacidad de las comunidades para gobernarse. El centralismo tiende al autoritarismo y a la homogeneidad.

 

Además, la concentración en la alta jerarquía de procesos que perfectamente se pueden ejecutar en los niveles más bajos, congestiona con asuntos que no le son propios a la dirección superior, distrayéndola de los asuntos estratégicos y políticos generales, que sí lo son.

 

La descentralización es la administración de la mayoría de los asuntos desde los entes territoriales autónomos provinciales y locales. Es hacer de estos niveles políticos entes autónomos poderosos, eficaces y eficientes para que atiendan a la mayoría de los servicios que requiere la gente para vivir bien y para prosperar. Es hacer de estos territorios subnacionales los instrumentos eficaces para promover el desarrollo humano sustentable.

 

La descentralización no es sólo la transferencia de determinados niveles de decisión a la base de la pirámide de mando. No. La descentralización es transferencia de poder. Es el desprendimiento de determinados asuntos sustantivos de los niveles superiores o nacionales y traspasarlos hacia los niveles inferiores o locales, con todas las condiciones para que puedan ejercer con eficacia esos asuntos.

 

Descentralización es trasladar competencias desde el poder nacional hacia los poderes locales, con todos los atributos necesarios para que estos niveles locales puedan ser eficaces en el ejercicio de esos asuntos, es decir con autoridad, con buenas bases legales, con capacitación, con entrenamiento, con financiamiento y con confianza.

 

Descentralización es la dotación de los entes político territoriales intermedios y menores de capacidad real para atender bien los asuntos que le son propios en estas nuevas realidades. Que las provincias y los municipios cuenten con la gente capaz, los recursos financieros suficientes, las estructuras organizativas adecuadas y flexibles, los marcos para la negociación intergubernamental ágiles y, en general, el poder suficiente para que en un clima de autonomía, ejerzan plenamente su ejercicio en el marco normativo nacional

 

Antes de la actual revolución del conocimiento era optativa la administración centralizada o la descentralizada, aún cuando es necesario reconocer que aquellas naciones que experimentaron la descentralización desde temprano, también lograron mejores niveles de desarrollo. Pero ahora es imperativa. Las empresas y los gobiernos se descentralizan, adoptan mecanismos federales de administración, delegan poder a los estratos que están en la ancha base de la organización e incluso transfieren a otros entes diversos asuntos que no les son sustantivos, porque de otra manera pierden competitividad y eficiencia.

 

 

EL PRINCIPIO DE SUBSIDIARIDAD

 

En un sistema de gobierno federal, el poder central no debe ocuparse de nada que pueda ser atendido en los estados y los municipios, o por la comunidad cívica. Una orientación para definir qué corresponde a cada nivel político-territorial es aplicar el principio de subsidiaridad que establece que todo aquello que pueda se hecho por un ente inferior, no lo debe hacer uno superior, y en caso de dificultades, el ente superior puede cooperar, pero siempre procurando que el ente inferior desarrolle sus competencias naturales.

 

Este principio involucra también que el Estado tiene unos límites y si la sociedad o el individuo pueden ocuparse de un asunto, no tiene por qué hacerlo el sector público. El poder nacional y los poderes regionales y locales deben promover el fortalecimiento de toda la trama social, las organizaciones intermedias, las empresas, las comunidades organizadas y toda suerte de asociaciones y redes que desarrollen la comunidad cívica.

 

El término federal se refiere a la existencia de entes políticos territoriales intermedios autónomos, como las provincias, estados o departamentos y municipios, con alto grado de autonomía. En las empresas significa que una organiza sus actividades en la forma de negocios autónomos, con su propio mercado y su propio producto, así como su propia responsabilidad por las ganancias y las pérdidas (Drucker, 1999).

 

De esta manera, los países y las organizaciones modernas se adaptan a las nuevas realidades y confían en las comunidades provinciales y locales más y más competencias, descargando a los gobiernos centrales de muchos asuntos y concentrándose en el monitoreo de las grandes estrategias.

 

También los gobiernos transfieren más y más asuntos a entes no gubernamentales, empresas u organizaciones no-gubernamentales, confiando en la comunidad cívica la ejecución de obras y la prestación de servicios antes reservados al sector público. También las empresas transfieren a otros el desempeño de muchas tareas que no forman parte sustantiva de sus objetos, concentrándose en lo que le es propio.

 

Toda esta revolución en la manera de administrar los asuntos tiene una dirección: reforzar a lo local y a las organizaciones locales. Aprovechar las ventajas que tienen las organizaciones pequeñas, ágiles, eficientes, pero conectadas a lo global de una manera muy eficaz.

 

Esta es una nueva realidad en plena expansión. Las localidades, sus organizaciones y sus ciudadanos, tendrán cada día más y más asuntos de que ocuparse y las posibilidades de influir en sus propios asuntos, en los de la Nación y del planeta crecerán en la medida que sean competitivos, eficientes y se preparen adecuadamente. Por ello el lugar se hace importante.

 

En la revolución del conocimiento y de las nuevas tecnologías de las comunicaciones, el hombre se hace planetario desde su lugar. Toca entonces a los lugares una nueva e importante responsabilidad: ofrecer a sus habitantes un espacio muy agradable y eficiente para vivir. 

 

La globalización se expresa fundamentalmente en flujos de información, de bienes y servicios, en cambio la lugarización se expresa en   la calidad de la vida local y su competitividad global. Lo local es el ámbito de gestión de lo global, de allí la nueva importancia estratégica del lugar, de la ciudad.

 

 

 

 

LOS NUEVOS DESAFÍOS DE LA GESTIÓN URBANA

 

En este contexto, la expresión más acabada del lugar es la ciudad, por ello la gestión urbana cobra una categoría particular.  Ya no basta que la ciudad cumpla cabalmente sus funciones tradicionales y ofrezca “los servicios propios de la vida local”. Ahora todo lo que hacía normalmente debe hacerlo mejor, con calidad mundial. En estas nuevas realidades si la ciudad quiere insertarse con eficacia en el orden emergente, debe plantearse nuevos e inusitados desafíos, que combinan el rescate de sus tradiciones y demás elementos de su cultura, con la prestación de calidad de los servicios urbanos, y con la administración eficiente de los servicios emergentes donde entran los temas de conectividad, innovación, emprendimiento y demás funciones y servicios que surgen.

 

Esta nueva naturaleza de las ciudades no se puede abordar sin unos amplios consensos, que solo pueden emerger de extensos y generalizados diálogos con los diferentes actores de la ciudad, para dibujar la ciudad que se quiere. Son muchas las alternativas que estos nuevos escenarios permiten, desde que la propia ciudad se plantee roles modestos con elevada calidad de vida sin muchas conexiones globales, hasta liderazgos mundiales audaces en determinados campos específicos, sean productivos, tecnológicos, culturales, turísticos, ambientales o de otros órdenes.

 

Estos desafíos EXIGEN un proyecto de ciudad. La experiencia demuestra su utilidad. La diferencia entre una ciudad exitosa y otra fracasada reside seguramente en la existencia o no de un proyecto de ciudad, construido por los propios actores del lugar. No existe un caso de que la casualidad haya dado lugar a una ciudad exitosa.

 

Un lugar exitoso solo es fruto de un sueño colectivamente soñado y construido con una gran dosis de amor por el lugar, de patriotismo urbano, de diálogo generoso y compartido y del compromiso con la realización de los sueños.

 

Los éxitos han obedecido a un proceso de transformación que se basa en la toma de conciencia del desafío dada la crisis que se enfrenta, la concertación entre los actores urbanos en torno a un proyecto de ciudad y la generación de un liderazgo local proactivo.

 

Es fundamental la determinación conjunta y el consenso ciudadano para que la ciudad de un salto adelante, desde todo punto de vista. El proyecto de ciudad es fundamental, si moviliza a los actores públicos y privados y si se ejecuta desde el principio. Es un proyecto de movilización ciudadana y de promoción interna y externa. Es un proyecto de autoestima ciudadana. Exige un cuestionamiento de la manera de gobernar la ciudad, de comportamiento de las organizaciones y plantea una reforma política y una nueva articulación gobierno-ciudadanía. La excusa para dar el salto adelante puede ser la propia crisis frente a la globalización, o un eventoo una fecha importante.

 

El Gobierno local debe cambiar cualitativamente: pasar a ser promotor, líder, emprendedor, innovador, audaz, integrador de todas las energías presentes en la ciudad, un innovador democrático. Muchos de los éxitos se deben a la fuerte personalidad de los alcaldes que han asumido el liderazgo de la ciudad. A veces el liderazgo local lo puede asumir inicialmente otros actores, pero debe estar muy bien articulado y sin la participación de la autoridad política es muy difícil, pues exige recursos cuantiosos y un fuerte liderazgo político.

 

Siempre estará presente el tema de la inclusión de todos los grupos sociales de la ciudad al proyecto colectivo, de tal manera que la integración sociocultural de sus habitantes resulte en que todos se sientan pertenecientes al lugar y protagonistas del proceso de cambio. El capital social, referido a las redes asociativas, es de capital importancia para la coronación positiva de estos desafíos.

Otro tema fundamental, interrelacionado con el anterior, es el de la productividad y competitividad de la ciudad y de sus empresas, pues la ciudad debe tener capacidad que generar los puestos de trabajo digno que genere ingresos adecuados a sus habitantes. La ciudad, sus habitantes, su sociedad cívica y su gobierno local, deben decidir el modelo económico a seguir, los sectores productivos a promover, los espacios que ocuparán y demás temas del modelo económico.

 

La gestión política, su representatividad y su eficacia, es decir el gobierno local no puede ser el mismo que era antes, generalmente burocrático, lento, representativo. Aquí los desafíos son enormes, pero alcanzables si se observan los caminos que han seguido los numerosos éxitos que se exhiben en todas partes. La mayoría de estos éxitos tienen que ver con estilos de gobiernos abiertos, positivos, transparentes, que tienen en el diálogo y en los consensos sus mejores herramientas.

 

Además todo esto exige importantes procesos de innovación y de emprendimiento, entendidos estos procesos por la capacidad de la gente, de las organizaciones, del gobierno local, de encontrar nuevos caminos (o recordar algunos viejos) para afincar su identidad, eliminar los obstáculos culturales que se oponen a los cambios, encontrar nichos interesantes para insertarse en la economía global y desplegar sus energía positivas que desencadenen procesos multiplicadores del proyecto que se quiere.

 

La innovación urbana se refiere a la capacidad de una ciudad para generar nuevos conocimientos, nuevas actividades económicas, nuevos productos, nuevos servicios, sobre la base de su propia realidad y de sus propias ventajas, en armonía con el proyecto diseñado y para el reforzamiento de su particularismo histórico y territorial.

 

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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Drucker, Peter. Las Nuevas Realidades. Grupo Editorial Norma. Bogotá, 1999

 

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Schumacher, E. F. Lo Pequeño es Hermoso. H. Blume Editores. Madrid, 1984

 

FGC/

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